Temas etiquetados como: ‘informes’

Evidencias de la inefectividad de los impuestos a los alimentos

25 septiembre, 2012

La ciencia ratifica que el problema de la obesidad no está en los alimentos “per se”, sino en las dietas como conjunto y cantidades de alimentos que se consumen habitualmente, con un sopesado equilibrio entre la ingesta y el gasto energético.

Cuando un gobierno decide gravar ciertos alimentos lo hace, en teoría, con el fin de disminuir el consumo de los mismos y atacar de manera directa la obesidad, cuando en realidad múltiples estudios coinciden en que subir los impuestos sobre ellos no tiene como consecuencia necesaria esta reducción. Es el caso del informe “From Coke to Coors: A Field Study of a Sugar-Sweetened Beverage Tax and its Unintended Consequences”, de la Universidad de Cornell (Nueva York). En el estudio, tras incrementar el precio de ciertos alimentos, en un primer momento se observó cierta disminución en su consumo. Sin embargo, tras varios meses de análisis, se concluye que no hay suficientes evidencias como para afirmar que la aplicación de las tasas afectan de manera negativa al consumo de los productos gravados.

Igualmente, son muchos los estudios que van en esta línea, como es el caso de:

  • Suggs L. Suzanne & McIntyre, Chris, 2011. “European Union Public Opinion on Policy Messures to Address Childhood Overweight and Obesity”, Journal of Public Health Policy 32, 2011.
  • Sassi, Franco, 2010. “Obesity and the Economics of Prevention. Fit not Fat”. OECD Publications, Paris 2010.
  • Amarashinge, Anura & D’Souza, Gerard, 2010. “Obesity Prevention: A Review of the Interaction and Interventions, and Some Policy Implications”. West Virginia University, Regional Research Institute, Research Paper 2010-2, 2010.
  • Crowle, Jacqueline & Turner, Erin, 2010. “Childhood Obesity: An Economic Perspective”. Australian Government, Productivity Commission Working Paper, Melbourne 2010.
  • Allais, Olivier & Bertail, P. & Nichele, Veronique, 2008. “The effects of a “Fat-Tax” on the Nutrient Intake of Franch Households”, European Association of Agricultural Economists, International Congress Ghent, 2008.
  • Hespel, Véronique & Berthod-Wurmser, Marianne, 2008. “Raport sur la pertinence et la faisabilité d´une taxation nutritionelle (Report on the pertinence and feasibility of a nutritional tax)”. République Française, Inspection générale des Finances, Inspection générale des Affaires Sociales, Paris 2008.

Recurramos ahora a la práctica de estas medidas impositivas; y es que algunos Estados han decidido introducir impuestos adicionales sobre alimentos y bebidas bajo pretextos de salud pública. Aun así, no hay evidencia científica alguna de que los impuestos, y en especial los discriminatorios, sean la solución para resolver problemas complejos como los relacionados con las dietas y con estilos de vida. De hecho, parece que alguno de ellos, como el caso de Dinamarca, podría retirar estas políticas tras haber constatado su poca eficacia.

El informe OCDE (2010) Obesity and The Economics of Prevention -FIT NOT FAT IF. Sassi-, analiza la introducción de un impuesto discriminatorio sobre ciertos productos, para llegar a la conclusión de que dicha medida crearía en términos generales un impacto negativo sobre la economía al generar desventajas competitivas, competencia artificial entre categorías de productos, desincentivos a la inversión y altos costes de implantación, gestión y control.

En términos de salud pública, la Organización Mundial de la Salud (WHO Regional Office for Europe, Health Evidence Network, 2006), concluye que “no hay evidencia científica directa de relación causal entre instrumentos económicos y consumo alimentario”. Más aún, datos de la OCDE (OCDE Health Data 2005, How Does Denmark Compare) demuestran que las tasas de obesidad se han incrementado en las últimas décadas a pesar de haber introducido un impuesto discriminatorio, demostrando que el gravamen no ha tenido impacto sobre la reducción de la obesidad ni de otras enfermedades relacionadas con el estilo de vida.

La prohibición no es, por lo tanto, la estrategia para cambiar los hábitos de una sociedad moderna, avanzada y democrática como la nuestra. Más aún, la educación en especial, junto con la colaboración público-privada y la implicación de toda la sociedad, son las mejores armas con las que luchar por la mejora de la salud y la calidad de vida de los ciudadanos y especialmente en el difícil contexto por el que atraviesa nuestro país.