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La carne de cerdo no es responsable del aumento de colesterol

2 enero, 2015

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      • Todos los animales tienen piezas magras, totalmente adecuadas para incluir en una alimentación equilibrada.
      • Es una carne con un alto valor nutricional. Rica en proteínas y vitaminas  del grupo B y que aporta minerales como zinc, fósforo, sodio, potasio y hierro.

Desde hace unos años, se ha popularizado la creencia de que la carne de cerdo es uno de los responsables directos del aumento del colesterol entre la población. “La realidad es que la carne de cerdo y sus derivados son una fuente esencial de proteínas clave para una alimentación equilibrada y saludable”, según explica la Directora de la Unidad de Nutrición de la Federación Española de Industrias de la Alimentación y Bebidas (FIAB), Carolina Muro.

Otras de las propiedades que contiene la carne de cerdo residen en su alto volumen de nutrientes. Fósforo, zinc, hierro y vitaminas B1, B3, B6 y B12 son algunos de los componentes que habitualmente se encuentran en los diferentes cortes con las que este producto se presenta al consumidor.

La razón por la que erróneamente se ha asociado la carne de cerdo con el colesterol reside en el supuesto alto porcentaje de grasas que se le atribuyen a este producto. Sin embargo, la carne de cerdo no tiene responsabilidad en el aumento de colesterol, incluso algunos cortes como el lomo de cerdo contienen un bajo contenido en grasas y grasas saturadas, y por lo tanto contribuyen a mantener niveles normales de colesterol. “La carne de cerdo tiene piezas que son magras igual que el resto de los animales. Hay que distinguir carnes magras de carnes grasas y esto tiene mucho que ver con la pieza y con la edad del animal. Lo que se aconseja es priorizar  el consumo de carne magra, por tanto piezas como los solomillos o la cinta de lomo”, destaca la doctora Carmen Gómez Candela, Jefa del Servicio de Nutrición del Hospital Universitario de La Paz.

En este sentido se ha probado que la carne de cerdo tiene menos cantidad de grasa y también contiene grasa cardiosaludable, en concreto ácidos grasos insaturados, que son los mismos que contiene el aceite de oliva. Por tanto “la carne de cerdo magra es perfectamente útil y consumible en dietas cardiovasculares, de protección cardiovascular y dietas de control calórico”, comenta la doctora Carmen Gómez Candela, que ha participado en la campaña “Licencia para comer”, una iniciativa impulsada por la Federación Española de Industrias de la Alimentación y Bebidas (FIAB) que cuenta además con un espacio propio en Radio 5 Todo Noticias de RNE con el fin de desterrar falsas creencias de la mano de expertos y nutricionistas.

Además, algunos de los avances tecnológicos desarrollados por la industria cárnica han permitido modificar las características y la composición de sus productos, que han conseguido reducir el contenido en grasa y sodio para que los consumidores puedan disponer de alimentos optimizados nutricionalmente, y que a la vez puedan dirigirse a grupos de población con necesidades específicas.

En los últimos años han calado en la opinión pública falsos mitos sobre la alimentación que no tienen base científica. FIAB y RNE han puesto en marcha “Licencia para comer”, un microespacio informativo donde, con la ayuda de expertos, se desmontarán estas falsas creencias. Podrás escucharlo los martes en Radio 5 (16.55h) y los miércoles (1.45 a.m.). Además, estaremos en las agencias, las redes sociales y www.infoalimenta.com. ¡Súmate a la alimentación con cabeza!

Nota informativa sobre fraude en el etiquetado en productos cárnicos elaborados

25 febrero, 2013

FIAB quiere mostrar su apoyo y colaboración a las investigaciones puestas en marcha por las autoridades comunitarias y españolas en relación a la aparición en España de material genético (ADN) de caballo en productos cárnicos elaborados etiquetados de forma incorrecta.

El pasado 15 de enero la FSAI (Agencia de Seguridad Alimentaria Irlandesa) detectó un posible fraude en productos cárnicos etiquetados de forma incorrecta, cuyo origen supuestamente estaba en Polonia y Rumanía. Tras ello, se identificaron otros países involucrados, entre ellos distintos Estados Miembro como Irlanda, Reino Unido, Luxemburgo, Francia, Holanda y Suecia, dándole una dimensión comunitaria al problema, desde cuyo nivel están actuando todas las autoridades.

Es importante destacar que se trata de un caso de fraude en el etiquetado que no afecta a la seguridad alimentaria ni implica riesgo para la salud, como han indicado las autoridades competentes, tratándose de un serio caso de fraude que la industria de alimentación y bebidas no puede tolerar y que la Federación considera inaceptable.

FIAB confía en que este incidente no ponga en duda la reputación de una industria que cuenta con estrictos y sólidos sistemas de trazabilidad para garantizar la seguridad y calidad de los productos que pone en el mercado de acuerdo con la legislación comunitaria aplicable.

Asimismo, la Federación está colaborando estrechamente con las autoridades españolas y europeas con el objetivo de que sea posible una rápida identificación del origen y de las personas implicadas en este fraude, de tal manera que la situación se normalice de forma inmediata.

Además, se están realizando autocontroles adicionales en las industrias y desde las organizaciones sectoriales se ha instado a las empresas a trabajar conjuntamente con sus proveedores para reforzar los controles en las cadenas de suministro.

Igualmente, FIAB está en permanente contacto con FoodDrinkEurope, la patronal europea del sector de la alimentación, quien coordina la relación con las autoridades de la Unión Europea.

La confianza del consumidor se consigue con la responsabilidad de todos

31 enero, 2013

La sociedad es para la mayoría de sectores, organizaciones, administraciones y demás organismos, el fin último de nuestra actividad. Contar con su total confianza es el principal objetivo para el que trabajamos.

Esta confianza depende de muchos factores y de todos los agentes que intervienen en cada caso. Es por ello que, entre todos, debemos esforzarnos por colaborar en la medida de lo posible para que no disminuya o se pierda innecesariamente.

La industria de alimentación y bebidas lleva décadas trabajando para ofrecer a la sociedad productos de calidad y seguros, dado que de otra forma no estarían en el mercado. Se trata de dos cualidades que están exhaustivamente controladas y verificadas por autoridades tanto nacionales como internacionales; las cuales garantizan que son aptos para el consumo y ofrecen la tranquilidad de que el consumidor puede ingerirlos.

Desde hace tiempo asistimos con preocupante asiduidad a la publicación y difusión de informes y estudios dirigidos al consumidor relativos a la calidad de ciertos alimentos que, en ocasiones, son resultado de investigaciones sesgadas y poco profundas.

Coincidimos en la conveniencia de la realización de investigaciones que analicen los productos al servicio de los consumidores, siempre que éstas se hagan con rigor; evitando jugar a crear una alerta irracional que no hace sino contribuir a que la sociedad pierda la confianza en el sector productor y las autoridades vigilantes y reguladoras.

Desde FIAB llevamos tiempo trabajando en velar por un tratamiento adecuado de este tipo de estudios. El último ejemplo con el que nos hemos encontrado es el caso del informe de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) sobre las hamburguesas envasadas. Un documento que debe ser analizado en profundidad antes de provocar intranquilidad en la sociedad, ya que en él, como en otros, se observan ciertas irregularidades que nos obligan a poner en duda su fiabilidad.

Este es sólo un ejemplo, ya que es posible que nos encontremos con otros de este tipo. Pero sería recomendable valorar con mesura y responsabilidad el contenido de los mismos para ejercer con profesionalidad la difícil tarea de informar a la sociedad sobre la realidad en la que vive. Del mismo modo, en caso de que se constate un fraude, hay que actuar inmediatamente para corregirlo y enmendarlo a la mayor brevedad posible.

La confianza del consumidor se consigue con la responsabilidad de todos: el agricultor, la industria, la distribución, la hostelería, las administraciones, las asociaciones de consumidores, los medios de comunicación, etc., y, consciente de su parte en esta tarea, la industria de alimentación y bebidas trabaja desde hace años día a día con este fin.